miércoles, 24 de abril de 2013


La Propuesta de desescolarización y el fin de la escuela.
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Una función incuestionable de la educación es aquella orientada a permitir que las personas operen al máximo de sus capacidades, equiparlos con las herramientas y el sentido de la oportunidad para usar sus pasiones y capacidades al máximo. La contraparte antinómica de esto es que la función de la educación es reproducir la cultura que la apoya; no sólo reproducirla a ella, sino además sus fines económicos, políticos y culturales. Por tanto, ¿se puede entender la escolarización como el instrumento para la realización individual y a la vez como una técnica de reproducción para mantener y desarrollar una cultura?, y según estos fines de la educación ¿cuáles serán las diferencias entre una sociedad educada y una sociedad escolarizada?.
En el presente artículo abordaremos estos cuestionamientos a través de la revisión crítica de los alcances y las nociones del proceso educativo que postulan los principales autores referentes de la propuesta de Desescolarización, quienes nos ofrecen enfoques y metodologías de enseñanza diferentes a las tradicionales, argumentando que los aprendizajes son más útiles prescindiendo de la institucionalidad escolar, y en donde el desarrollo humano es percibido como una meta que se puede alcanzar a través del fomento de la autonomía, la reflexión, la crítica, y la creatividad a través de los principios de educación anti institucional y de auto aprendizaje, fuera de las aulas y sin aulas. Al hablar de la desescolarización, los interrogantes más frecuentes ponen en duda su capacidad para plasmarse en la práctica. Sin embargo, lo primero que uno/a debiera preguntarse es si la escuela, ya sea en sus vertientes capitalistas o libertarias, puede cumplir su pretendida función emancipadora. La desescolarización es, ante todo, una tentativa de respuesta a esta problemática: no sólo evidencia el fracaso de toda escuela a la hora de garantizar la liberación del ser humano, sino que cuenta con un rico abanico de propuestas para superar esta concepción tan limitada de la enseñanza. En contrapartida a esta visión, necesariamente surgirán nuevas interrogantes que asumiremos: ¿es necesario extinguir la escuela para garantizar la formación de un sujeto crítico y creativo? ¿Es posible la socialización sin la escuela? o acaso ¿es la institución meramente la que debe cambiar?.


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